26 de septiembre de 2008
FUTBOL MAYOR
El ritmo inicial, sostenido e incansable, anunciaba a un equipo que, en busca de su madurez, estaba en una etapa púber, casi precoz, con una energía que brotaba por sus poros y se convertía en acné. Boca, más Juniors que nunca, tardó un cuarto de hora en entender que el camino a la adultez necesitaba de algo más que la sensación de que es posible superar al mundo llevándoselo por delante. Fue entonces cuando el hermano mayor de esta familia empezó a llevar de la mano al resto de los chicos y corregirles el paso. Fue Leandro Gracián quien marcó el tiempo con su batuta y comenzó a potenciar todo lo bueno de sus jóvenes compañeros. Y lo mejor de Mouche fluyó enseguida, dado que el equipo comprendió que a Liga podía entrarle por cualquier lado menos tercamente por el medio. O que para ir por ese lado antes debía herirlo, hecho que logró casi a la media hora del partido, a la salida de una pelota parada (precioso centro de Gracián) y más bonito aún cabezazo de Forlín (gran tiempista, de interesantísima dupla con ese émulo del Patrón Bermúdez -al menos físicamente- llamado Muñoz).Después de su primera vez, el Boca adolescente creció, vio que al mundo podía pasarlo por los costados y que el rédito llegaba con sencillez. Así, deshizo y se deshizo de la Liga de Quito, el último campeón de la Copa Libertadores, el que tratará de llegar a una final intercontinental en diciembre, posiblemente ante Manchester y, así las cosas, con un futuro más que sombrío, por cierto.Boca fue también Pochi Chávez y Neri Cardozo, a veces tan desequilibrantes como desordenados, lo opuesto a Alvaro González, quien se bancó prolijamente ser el volante central de un equipo que iba e iba. Porque Boca presionaba arriba para recuperar la pelota, porque tenerla era una base fundacional para la construcción del juego, porque usar los laterales para salir jugando se había transformado en un ideal más que en una situación oportunista. Y en la primaveral Buenos Aires de clima invernal, los pibes florecieron, se hicieron grandes jugando al fútbol como mayores pero manteniendo la candidez de los chicos. Que el calor del paso del tiempo no les quite esa frescura...
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